Martes, 23 de marzo de 2010
Como fumadora la ley antitabaco no me causa simpatía, aunque apoyo la mayoría de las medidas adoptadas por del Ministerio de Sanidad. Considero que eliminar el humo en los espacios públicos que mantenemos y usamos todos en igualdad de derechos y condiciones fue una brillante iniciativa. El tabaco es la primera causa de muerte en España; es deber y obligación moral del Estado garantizar espacios no contaminados, así como concienciar sobre el impacto nefasto de este hábito en la propia salud y en la del entorno. Lo que no comparto es la hipocresía de aprobar leyes que prohíben el consumo, y no su fabricación o venta; al igual que tampoco comparto su aplicación en los lugares públicos de capital privado y que no admiten menores, como es el caso de un sinfín de establecimientos hosteleros y afines, a los que el consumidor adulto acude por iniciativa propia y motivaciones diversas. El libre mercado nos da la posibilidad de elegir. He ahí su gracia.

Hace cuatro años, a la entrada en vigor de esta ley, el Gobierno no atajó el problema de raíz y cometió el error de permitir a tales empresarios elegir, siempre y cuando dispusieran de 100m2, habilitar o no salas especiales para los que quisieran fumar, de la misma manera que permitió elegir frecuentar espacios con o sin humo según las convicciones propias y la edad de cada cual. Y los ciudadanos actuaron en consecuencia. Tras la luz verde y ante la atónita mirada de la UE, las inversiones millonarias en adecuación de espacios que podían albergar salas para fumadores se sucedieron en los bares, discotecas y restaurantes: 70.000 locales, 1.500 millones de euros. Hoy, muchos de esos empresarios todavía no han cubierto ese desembolso, cifrado en una media de 22.000 euros por establecimiento, que pronto no les servirá ni para devolver el préstamo que tuvieron que pedir, ni para cubrir las expectativas de un servicio que no podrán ofrecer pese a que lo permitía la ley aprobada tan solo hace unos años.

Entiendo que la decisión es inminente, que es fundamental que el país se equipare con Europa y que el tabaco mata, sin embargo abogo por el respeto y la libre y legítima elección de cada uno. Pero como eso (muy a mi pesar) no va a poder ser, me uno a aquellos que piden soluciones y diálogo con los establecimientos afectados y ¡ceniceros en las entradas de todos los lugares públicos!

Anuncios