Hace unos días me invitaron a unirme a una página en Facebook. Me gustó y me hice fan. Quise aportar mi granito de arena con un comentario en el muro, pero descubrí que no podía. ¡Menuda frustración! Mandé un correo privado, que esa opción sí que estaba, para preguntar el porqué. Contestaron al par de días y me dijeron que algunos habían estado colgando ‘publicaciones sin contenido’ y que para evitar problemas, decidieron que todo aquél que quisiera decir algo, debía hacerlo a través del administrador de la página. La genialidad de las redes sociales reside en su capacidad de crear conversación. Es más, han sido diseñadas para eso; si no la hay, es que algo se está haciendo mal. Solo hay que mirar las estadísticas que, gratis, proporciona FB. Si no todas, la mayoría mide la interactividad. Inhabilitar el recuadro del muro para evitar publicaciones indeseadas resulta inadecuado a todas luces porque lo que pierdes te hace más daño que lo que evitas. Filtrar los comentarios es algo así como poner una centralita, aniquilar la inmediatez y establecer trabas para llegar al punto final. El usuario quiere ver su comentario y las reacciones que produce a tiempo real, no después, cuando pueda el administrador y cuando tal vez ya ni esté conectado. Si tienes un perfil, tienes que ocuparte de él, y esto sirve tanto para los particulares como para las organizaciones. La opción de borrar las aportaciones que uno considere, siempre está disponible. ¿Habría que fomentar su uso? Campaña de comunicación ¡YA! En cualquier caso, la primera medida es ver a quién dejas entrar en tu salón, y si te equivocas, lo ‘eliminas’. Dice el refrán que muerto el perro se acabó la rabia

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