Lunes, 15 de ferero de 2010

Si miramos en la RAE el significado de la palabra ‘generar’ podremos ver que refiere a “procrear, producir o causar algo”. Y ‘procrear’ es “engendrar, multiplicar una especie”.
Si ya partimos de la base de que los periódicos generan noticias, casi que está todo dicho. Habrá que entender entonces ‘noticia’ como la divulgación de una doctrina (última acepción del diccionario) y no como captación y tratamiento de la información para su difusión. Y eso es propaganda, un manual de cómo debemos pensar. Curioso que a esto se le llame periodismo. Supongo que será del ‘malo’, pero la verdad es que uno casi nunca se encuentra con periodismo del ‘bueno’ en los medios convencionales (prensa, radio y tv).
William Baker afirma que “se está sustituyendo a los periodistas por relaciones públicas” y es lo natural. Si el periodismo muere, los periodistas también. Las redacciones se han convertido en altavoces de intereses muy alejados de las necesidades reales del grueso de la población. Han roto con su compromiso de informar para prostituirse y violar de manera sistemática el derecho fundamental del ciudadano de recibir información veraz (y contextualizada de manera correcta con el fin de poder entenderla).
Habrán oído ya el término ‘desinformación’ aplicado al periodismo que se practica hoy. Las razones que lo explican son muchas: la inmediatez y sobreabundancia de información tienen como efecto la falta de profundización; la politización de los medios ofrece como resultado una información sesgada, manipulada y en sintonía con intereses particulares; la concentración de los medios en grandes grupos mediáticos reduce lo noticiable, esto es aquello que puede considerarse de interés general para la mayoría de la población, a lo que, nuevamente, les interesa. Vivimos en la era de la información, aunque sabemos menos que nunca.
Desde que existe la posibilidad de subir vídeos y comentarios en la red, se habla del periodismo ciudadano. Que nadie se confunda, eso no es periodismo. Las personas que escriben o cuelgan vídeos, no son profesionales, no están capacitadas para garantizar rigor, imparcialidad o contexto. Cierto es que ofrecen experiencias sumamente enriquecedoras, pero sólo equiparables con la punta de un iceberg. La labor del periodista es precisamente empaparse de lo que aportan, y del resto de información que circula por Internet; buscar otras fuentes, analizarlas, contrastarlas y dar con las claves, para después presentárselas a la sociedad con el fin de asegurar una opinión pública libre.
Las ediciones digitales de los medios tradicionales multiplican a diario su audiencia y superan ya con creces la de los formatos convencionales y, además, la diversifican. Es un auténtico triunfo, al fin y al cabo, la cuestión era ganar lectores; el problema ahora rentabilizar el medio. Hay que olvidarse de la publicidad porque la solución pasa por la especialización, la calidad de los contenidos y una clara apuesta por el desarrollo tecnológico. La capacidad de ofrecer un producto distinto será y es ya la clave para triunfar en Internet. En EE.UU. grandes diarios como el The New York Daily News o el Wall Street Journal o las revistas The Economist o TIME han apostado por las suscripciones y los micropagos y están cosechando éxito.

Por eso discrepo de William Baker cuando afirma que el remedio para la tiranía del todo gratis es conceder más libertades a los monopolios que ya existen y que condenan a la sociedad a la ignorancia y a la confusión permanente. Tampoco le veo sentido a una aportación estatal con el fin de garantizar una independencia que nunca será real. Las redacciones deben apostar por el rigor, la investigación y la versatilidad de las herramientas que ofrece la tecnología con el único fin de satisfacer las necesidades del lector, incluso y, sobre todo, de aquellas que ignora. Las posibilidades que ofrece la red son infinitas, aunque lo más significativo es que no tienen límite de espacio ni de tiempo; permiten profundizar en la información y, por ende, permiten al lector exigir mayor grado de compromiso, que sin lugar a dudas puede y debe tener un precio para garantizar cierto grado de independencia.
El periodismo no está muerto, todo lo contrario, es más necesario que nunca ante la avalancha de datos que recibimos a diario. Se está reinventando, aunque despacio.

VÍDEO RECOMENDADO: conversación sobre el futuro de los periódicos entre Walter Isaacson del Time (quien cree que los micropagos los salvarán), Robert Thomson del Wall Street Journal y Mort Zuckerman del The New York Daily News http://blogs.journalism.co.uk/editors/2009/02/15/charlie-rose-the-future-of-newspapers-video/

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