Ya estamos en mayo. Amanece medio nublado medio no en Barcelona. Han pasado cuatro meses desde que formulamos, algunos, nuestros buenos propósitos y deseos para el 2011. ¿Toca hacer balance? Es cosa de cada uno. Hoy es es el Día Internacional de los Trabajadores. Desde 1889 es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje  a Los Mártires de Chicago que, entre otras, querían establecer la jornada laboral de ocho horas. A saber: 8 para el trabajo, 8 para el sueño y 8 para la casa. Con una cifra de parados que en España alcanza los 5 millones de personas, me pregunto cuántos de los que desearon, hace cuatro meses un trabajo para ellos, para su hermano, mujer, hija, nieto, sobrina, amigo…. habrán visto su anhelo cumplido. También me pregunto cuántos de los privilegiados que mantienen su puesto, trabajan las 8 horas estipuladas y dedican las restantes a lo que se entiende como necesidad básica de cualquier ser humano: relacionarse, se entiende que en el ámbito personal -fortalecer el espíritu- y dormir -sincronizar mente y cuerpo. ¿Quién presume de cumplir el timing?

Hoy también es el Día de la Madre, que se celebra el primer domingo del quinto mes en algunos países como España y Lituania. Es una celebración que se remonta a la costumbre de los griegos de adorar a la Diosa Rea, madre de Zeus, Poseidón y Hades., y que después fue transformada para adorar y honrar a diversas vírgenes y diosas en distintas fechas. Otros mantienen, sin ir mucho más lejos, que ha sido inventada por El Corte Inglés para vender regalos. En nuestra familia, escribimos una tarjeta, común o cada una por separado -somos tres hermanas- y la enganchamos o pegamos en un gran ramo de flores, en bonitas macetas con muchas plantas y colores, etc. y lo dejamos todo en alguna parte de la casa para que mi madre se lo pueda encontrar. Ella espera este día como un niño espera el Día de Reyes o su fiesta de cumpleaños. Cuando lo encuentra, se hace la sorprendida y se muestra tremendamente agradecida. Si resulta que nos levantamos y solo le decimos felicidades + un abrazo, se muestra expectante durante todo la mañana y su actitud es de lo más gracioso.

Hace un par de días encargué un enorme ramo de Gardenias blancas. Debería estar al llegar; me acaban de confirmar que el reparto ya ha salido. También he comprado un ramo massive de Siemprevivas que he fotografiado y mandado por correo a la cuenta de mi mamita. Es como si fueran sus flores en mi casa, una parte de ella. Me gusta saber que también las está disfrutando, que es un ramo compartido. Me he llevado una regañina por haberle dicho que su tarjeta de felicitación la espera junto al ramo de esas flores que compartimos y que duran y duran sin perder su aspecto original -una maravilla. Fallo mío, debería haber mandado la tarjeta por correo hace semanas…

Por otro lado, ayer disfruté de una barbacoa con Matt y mi amiga Mariola; estuvimos hablando de nuestros viajes, de las historias que hemos vivido, de nuestros planes más inmediatos y del impacto que ha tenido y tiene la certificación en coaching que estamos terminando en nuestra manera de ser, actuar, pensar y percibir.

Coincidimos en esta ciudad gracias al Máster en Dirección de Comunicación de la EAE y nos hicimos buenas amigas, en parte, por las exposiciones de diferentes trabajos que teníamos que realizar en conjunto durante el posgrado. La relación se volvió mucho más cercana durante este curso, en el que es imprescindible ser uno mismo primero para después ser capaz de ayudar a otros a que sean ellos mismos y logren lo que se propongan, de una manera realista y muy sincera con uno mismo. 

La intimidad que se ha creado entre nosotros, un grupo de 8 personas unidas por el deseo de avanzar y lograr que otros avancen, y un equipo de profesionales como los son los del Instituto Superior de Estudios en Coaching (IESEC), no se puede describir con palabras; ha de experimentarse. Cada uno de nosotros contribuye al equipo de una manera única y lateralmente opuesta a la del compañero de al lado, pero siempre con la intención del crecimiento grupal e individual al mismo tiempo. Es un brainstorming continuo; se trata siempre de la pregunta ¿cómo hacerlo mejor?

En el caso particular de Mariola, tengo que reconocer, y me encanta poder hacerlo, que Mariola es una super contadora de historias. El relato, la narración, como diría Stanley Greenberg, es la clave de todo, es su clave, es su lenguaje. Esta mujer de Costa Rica es excepcional: tiene la capacidad de deleitar con sus palabras, con su manera de ver el mundo y contárselo a los demás. Lo hace con pelos y señales, con la emoción de la mano, con palabras llenas de fuerza, pero sobre todo, lo hace con su mirada. Es de esas personas que logran transmitir ilusión, que eligen ver la parte positiva del mundo, contar las historias bonitas, centrar su atención en el cambio y  en el progreso en vez de en la resignación, lo deprimente, la injusticia o las desigualdades. Evidentemente no comulga con ellas, sin embargo, diría que opta por centrarse en el avance, en lo bueno que ya se está consiguiendo y en aquello que se puede mejorar. Además, tiene la costumbre de ver lo mejor de las personas.

Solemos, por diversas motivaciones, poner de relieve los defectos, disfrutar con las criticarlas, ver el lado feo en vez del bueno de las cosas y las personas con las que interactuamos, siempre en mayor o menor medida, pero con la balanza más inclinada hacia el problema que hacia la solución.  Pues bien,  Mariola es todo lo contrario; a la mínima pone de relieve alguna cualidad excepcional de la persona que tiene delante; rara vez la escucharás llamando la atención sobre lo negativo. Lo hace inconscientemente, habla con el corazón; cualquiera que haya mantenido con ella una conversación lo sabe y lo habrá notado. Desde el corazón, solo desde ese lado humano, consigue, logra ver la genialidad del ser humano. Todos tenemos una parte así, debemos potenciarla. Nos quedaríamos sorprendidos de los cambios.

Estuvimos hablando de la escritura, algo que a ambas nos fascina -las dos queremos escribir libros cuando seamos mayores. ¿Qué es escribir bien? ¿Qué característica imprescindible debe tener todo texto para que sea disfrutado por los demás? Mariola lo resolvió con un ejemplo. Me leyó en voz alta un párrafo de un blog que ha descubierto hace poco y compartió conmigo una carta que escribió a raíz de las emociones que le había despertado la lectura de ese texto y la reacción que obtuvo. La conclusión fue: algo que escribimos es bueno cuando te riza la piel, cuando te emociona lo que ves, lo que sientes gracias al relato.  Se trata de lo que seamos capaces de transmitir con nuestras palabras, de cómo vemos el mundo y de cómo se lo describimos a los demás. Me gusta su ejemplo. Podría decir que ahora me resulta algo más fácil escribir. No se trata realmente de encontrar aquello de lo que todavía no ha hablado nadie, sino de hacerlo de tal manera que el lector sea capaz de percibir en sus poros la experiencia / historia expuesta, la que sea.

Volvemos al relato, a la capacidad de contar historias.

Ya hace sol. Estoy disfrutando de este domingo. Feliz Día de la Madre.

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