Hace unas semanas participé en el Seminario Apd: “Pasión, profesión y dinero: Empresarios que Sobresalen” que impartía Claudio Drapkin, Colaborador Académico en IDEC UPF, Director en Barcelona Center for Meaning y, entre otras, Colaborador Académico en ESADE y Socio director de Solocom. La idea central se podría resumir en una de las primeras reflexiones de la sesión: “Lo bueno es enemigo de lo sobresaliente”.

¿Y cómo se entiende eso? Cuando algo es bueno, nos contentamos con ello y nos estancamos en ese buen funcionamiento; nos conformamos. A través de símiles y alusiones al estudio que se recoge en el libro de Jim Collins “Good to Grat”, en el que 1.435 empresas del Fortune 500 fueron sometidas a un estudio de gestión durante 30 años, y de entre las que se escogieron 11 cuyos resultados financieros, a partir de un momento X, habían sido excelentes durante 15 años consecutivos, se señalaron 6 factores comunes determinantes del éxito. Encontraron que 5 están directamente relacionados con la manera de ser, gestionar y/o liderar a un equipo:

1. Capacidad individual de construir grandeza durable. En este punto se matiza la diferencia entre el desarrollo-cómo me relaciono- y el crecimiento-qué obtengo, cuenta de resultados. Entran en juego los valores de cada uno: humildad, voluntad personal y profesional, destreza, entrega, ilusión, etc.

2. Capacidad de aportar y contribuir en el desarrollo del equipo y la labor. Aquí fue interesante la reflexión a la que nos invitó Drapkin: primero quién, después qué. Es decir, explicó la importancia de contar con la habilidad de reconocer el talento, de escoger bien entre cientos de currículos, y dejar que ese conocimiento individual y colectivo del equipo que forme, desarrolle de una manera excelente cualquier tarea que le sea encomendada. Es decir, primero buscamos a la gente y después definimos el plan de acción, un plan de acción que no solo acerca al equipo al objetivo, sino que permita el desarrollo personal de cada integrante.

En el desarrollo personal, primero hay que despertar la consciencia, tener claro quién eres, para qué estás aquí, cuáles son tus prioridades, qué es importante, cómo es la situación ideal, cómo contribuyes a que las cosas ocurran, etc. Una vez claro, uno puede empezar a cambiar para dejar de ser muy bueno y convertirse en excelente. En un equipo ocurriría igual: primero hay que pensar qué personalidad queremos que tenga nuestro equipo, qué valores deberá compartirá, etc., buscar a las personas que puedan formar ese equipo y, a partir de ahí, definir qué hará ese equipo. Es la fase de búsqueda de “personal disciplinado” en la fase de creación de la organización (de camino al punto de resultados excelentes durante 15 años consecutivos).

3. Gerente competente. Capaz de afrontar los hachos de manera “desnuda”, sin gastos de energía inútiles, centrados en lo esencial, en la autorresponsabilidad, por complejo que sea el contexto. Se trata de un pensamiento disciplinado que no se distrae con los contratiempos.

A partir de aquí entramos en el “Concepto erizo”, punto en el que se produce el avance decisivo.

4. Líder eficiente. Capacidad de transmitir, a través del ejemplo ,ese pensamiento disciplinado; permitir el desarrollo, potenciar los puntos fuertes, las habilidades de los integrantes; fomentar la colaboración, el conocimiento colectivo. Capacidad de definir y liderar bajo los valores establecidos, hacia un destino común que implica a todos de manera individual y facilita el desarrollo de los sentimientos de reconocimiento y pertenencia, esenciales para el ser humano y potenciadores innegables del rendimiento personal y colectivo.

5. Cultura disciplinada. Concepto que responde al diálogo que se produce entre los miembros, basado en la confianza y la libertad. No hay jerarquía evidente, no hay burocracia ni control. La gente hace lo que tiene que hacer. Su compromiso con la organización es máximo, son personas disciplinadas, no requieren supervisión. Reflexión: si no está expresamente prohibido es que es posible.

6. Por último destaca la apuesta por la renovación tecnológica, por el uso de la ciencia al servicio de la excelencia empresarial.

Como conclusión, el “Concepto erizo” es una combinación de tres elementos clave:

1. Pasión: aquello que aflora en nosotros cuando encontramos y nos dedicamos a aquello que nos mueve y nos motiva profundamente.

2. Profesión: cuando la profesión está lineada con aquello que convierte a uno en profesionalmente único, excelente. Aquí cabe matizar la idea de que para cada cual el significado de sobresalir es diferente, y debe ser entendido con independencia del entorno que se dé.

3. Dinero. La respuesta a la pregunta: ¿cuánto vale mi trabajo? ¿Qué nivel de retribución hace que nos sintamos en equilibrio? Lectura recomendada: “Dinero y conciencia” de Joan Antoni Melé (Plataforma Editorial).

Una vez que los tres elementos ocurren, la parte central es el concepto erizo, el equilibrio que le permite a cada uno ser y convertir en excepcional aquello que le rodea. Resulta primordial entender quiénes son los 5 clientes más importantes de cada cual. Si nosotros mismos no encabezamos la lista, no lo hemos entendido porque, como diría Claudio, “si no estamos satisfechos con nosotros mismos, difícilmente podremos estarlo de los demás”.

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