Las prisas, los compromisos, las distintas responsabilidades, además de todos esos imprevistos que surgen, hacen nos pasamos el día preocupados y liados con un montón de historias. Y la realidad es que cuanto más nos preocupamos y liamos, menos nos ocupamos. Además de acumular papeletas para la tómbola de la reactividad y el movimiento por inercia, a lo barco a la deriva, girando de rumbo con cada ola y ráfaga de viento. ¿Cuántas veces aquello que hemos dejado a medias o que ni hemos empezado, nos carcome por dentro? ¿Cuántas veces hemos pospuesto eso que tanto nos gustaría hacer? De vez en cuando es preciso tomar el timón, echarles un vistazo a nuestras preocupaciones, reordenarlas y marcar el rumbo. Una puesta en marcha, como los coches de la Fórmula 1 en boxes, suele resultar muy beneficiosa.

En este sentido, podemos hacer un ejercicio muy sencillo pero muy potente. Necesitamos papel y boli (es importante escribir). Haremos  una lista de las preocupaciones que tengamos a diario. Enumeraremos todo aquello a lo que dedicamos tiempo y atención, todo lo que es importante para nosotros. Intentaremos ser lo más concreto que puedas. (Ejemplo: la salud de mis hijos, el paro, el terrorismo, las relaciones con los compañeros del trabajo, el ruido del vecino, la cuenta del banco, etc.)

Una vez enumeradas, clasificamos en estas categorías:

  • CÍRCULO DE ACCIÓN: aquello que depende directamente de nosotros, que podemos cambiar.
  • CÍRCULO DE INFLUENCIA: aquello que no podemos cambiar por nosotros mismos pero en lo que sí que podemos influir.
  • ÁREA FUERA DE CONTROL: aquello en lo que no podemos influir y que no podemos cambiar al estar fuera de nuestro alcance.
Círculo de acción personal
Cuanto más grande sea nuestro círculo de acción, mejor estaremos utilizando nuestra energía y capacidades. En ese círculo se crean las circunstancias que queremos.

El ejercicio permite visualizar aquello sobre lo que estamos actuando e influyendo de manera directa, nos ayuda a optimizar el uso de nuestro tiempo y capacidades. También nos autoriza a dejar de preocuparnos por lo que no podemos cambiar y a hacer más por lo que sí. Giremos el barco de tal manera que naveguemos viento en popa, aunque sea a contracorriente.  

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