Hay personas que ganan, superan todo obstáculo y lo consiguen. Cuentan de ellos historias de éxitos y fracasos. Los éxitos de otros ayudan a creer en el propio triunfo mientras que los fracasos, más los propios que los ajenos, permiten crecer. Los protagonistas de estos relatos suelen tener dos características en común: su anhelo por lograrlo y su firme determinación, por lo general en un marco excepcional y unas circunstancias extremas. El anhelo se alimenta, la determinación se trabaja. Diferentes estudios demuestran que frente al 10% que consigue lograr el objetivo de mejora en solitario, un 85% lo logra con el apoyo de un profesional. Un coach aumenta las posibilidades de elección, acción y percepción de control de la persona a la que acompaña.

La mayoría de los procesos de coaching se inician cuando existe el deseo o la necesidad apremiante de cambiar, de mejorar determinadas condiciones o de lograr un objetivo en concreto. El coaching utiliza métodos sistematizados de desarrollo personal y profesional que facilitan que el potencial, el talento y los recursos individuales o grupales afloren y sean aprovechados al máximo. En principio, cualquier persona o grupo puede beneficiarse de la ayuda de un coach. Digo en principio porque después se verá si esto es así o no. Sin compromiso por todas las partes, no hay proceso. Entran en juego creencias y circunstancias personales, experiencia, profesionalidad y un sin fin más de variables que impactan en la relación coach-coachee-grupo y que determinan la continuidad y calidad del proceso.

En el plano individual, el coaching es aplicable a todas las esferas (personal, profesional, familiar y social) de la vida de una persona. Va dirigido a la mente, al cuerpo o al comportamiento. Puede serle muy útil a alguien que quiera gestionar mejor el tiempo, controlar el estrés y la ansiedad, mejorar sus habilidades comunicativas o de venta, aumentar su creatividad o lograr un ascenso; también a alguien que quiera mejorar sus relaciones de pareja, responder a los cambios de una manera flexible y proactiva, aprobar unas oposiciones, recuperar el entusiasmo, encontrar un propósito, cambiar de carrera, de trabajo, abrir un negocio, resolver conflictos o enriquecer sus relaciones sociales y familiares. También para aquellos que quieran mejorar recursos como la autoafirmación o la confianza, superar una crisis, equilibrar lo profesional y lo personal, encontrar un propósito, romper bloqueos y creencias limitantes, etc. Las aplicaciones son múltiples y cada proceso distinto y personalizado.

En el ámbito empresarial se distinguen dos grandes áreas: el coaching ejecutivo o directivo y el coaching de equipos. En el coaching directivo, los procesos suelen estar enfocados al aumento del rendimiento y del desempeño personal, al desarrollo y mejora de determinadas habilidades o técnicas profesionales como el liderazgo, la anticipación o resolución de problemas, la visión o la comunicación estratégica, etc. El coaching de equipos ofrece notorios resultados en la mejora de la gestión del tiempo y resolución de conflictos. Impacta de manera positiva en la productividad, aumenta la presencia de la empresa en el mercado y mejora sus resultados. Favorece el desarrollo de las relaciones con colaboradores, aumenta la satisfacción de los clientes e incrementa el sentimiento de pertenencia del trabajador.

El coaching se nutre de diferentes disciplinas, indaga en la acción del presente, y aunque pueda recurrir al pasado de manera puntual, está orientado al futuro. Es holístico, transversal y creativo, afecta al ser por completo y se aplica en todos los ámbitos y niveles. No hay dos procesos de coaching iguales. Sí coaches especializados en ámbitos específicos. El objetivo, el cliente, el coach y el contexto influyen en el desarrollo y resultado de cada proceso. La duración y frecuencia de las sesiones puede variar en función de los objetivos y metas, aunque suele ser semanal y durar entre tres y siete meses.

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Hagas lo que hagas y sea cual sea tu objetivo, un coach te ayuda a llegar desde donde estás a donde quieres ir. Cree en ti, te acompaña y te ayuda a sacar el máximo partido a tu tiempo, a priorizar y mantener el compromiso, a potenciar tus habilidades y talentos para que puedas alcanzar tus objetivos y metas más rápido y con menos esfuerzo. Te ayuda a ver opciones para que puedas hacer las mejores elecciones, a desbloquear frenos, a centrarte en lo verdaderamente importante para que las urgencias del día a día no impidan que lo esencial se haga.

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